La normalización del teatro del Siglo de Oro ha tenido en los festivales un cómplice fundamental.
Con los Festivales de España (certámenes veraniegos de teatro, danza y música al aire libre durante la España de Franco)
en algún punto de su genética, su multiplicación en los últimos cuarenta años ha permitido llevar el teatro en vivo y en
directo, su única forma de comunicarse, a lugares variados de la geografía española (y muy lejos de ella como en el caso
del Chamizal texano). La concentración y diversidad de espectáculos que un festival de clásico conlleva son también un excelente
estímulo de aficiones en los espectadores.
Comenzó
todo en 1978, año en que echó a andar el de Almagro. Su primer
objetivo fue reunir a las gentes del espectáculo y del estudio para
hablar de los clásicos. Pocas fueron las representaciones que se
pudieron ver en las primeras ediciones. Precisamente, las diferencias
con las cifras actuales ―sin entrar a valorar la calidad― son un
índice espléndido para medir lo que ha crecido el teatro clásico:
de vérselas y deseárselas para programar unos pocos días en el
Corral a hacerlo en 2018 ―el primer año bajo
la dirección de Ignacio García, y con una decantación decidida
hacia los clásicos españoles―
durante
casi cuatro semanas, con alrededor de medio centenar de espectáculos
y una veintena de otras actividades en otros tantos espacios. Y sigue
siendo un lugar de encuentro.
Esta facilidad de contactos entre gentes de distinta implicación con
el teatro dio como fruto la creación en 1986 de la CNTC, que tendrá
desde entonces en Almagro su segunda sede. Una historia bien contada de los 40 primeros años del festival puede verse en el vídeo “Almagro puro teatro”.
Almagro
ha sido propulsor y guía de los demás festivales de clásico.
También su número y continuidad dicen mucho sobre la relevancia de
este teatro y son un excelente acicate para que los profesionales lo
programen y los espectadores crezcan en afición. La matriz almagreña
se aprecia en organización y contenidos; pero también en detalles,
no menores, como la propensión a implantarse en localidades que no
son capitales de provincia ni grandes urbes. Crear tejido cultural en
zonas donde este es menos tupido debe considerarse un valor añadido:
Almería (1983), Alcántara (1985), Castillo de Niebla (1985),
Cáceres (1990), Getafe (1996), El Escorial (1998), Peñíscola
(1998), Olite (2000), Lugo (2000), Alcalá (2001), Chinchilla de
Montearagón (2002), Olmedo (2006), Ocaña (2013), Fuente Obejuna
(2016).
Un
teatro tan antiguo ―y nuevo: no sería clásico de otra forma― se
ha aliado con las tecnologías digitales para publicitarse, vender
entradas, fidelizar y, en los casos ideales, para crear archivos
históricos de sus contenidos al alcance de quienes quieran
visitarlos. Las web de los festivales se presentan ante el aficionado
o el investigador como fuentes relevantes de información sobre la
puesta en escena actual de nuestros clásicos, por amplitud (raro es
que exista un espectáculo de esta categoría que no circule por
ellos) y la riqueza de materiales que ofrecen los más completos
(fichas detalladas, imágenes y hasta cortes de vídeo)
Características
especiales, y admirables, tiene el Siglo de Oro Spanish Drama
Festival en Chamizal, un testimonio excepcional de la proyección de
este teatro más allá de su tiempo y sus fronteras. Rebautizado hoy
como Nuevo Siglo Drama Festival, fue fundado en 1980, solo dos años
después del de Almagro. Se precia no solo de su longevidad sino de
ser el único que ha programado exclusivamente clásicos españoles
del Siglo de Oro. Y lo ha hecho bien lejos de su espacio originario:
en el Chamizal National Memorial, un teatro a la orilla del río
Grande entre las ciudades de El Paso y Ciudad Juárez. Otro de sus
méritos indiscutibles es el haber promovido la celebración de
encuentros científicos anuales a su calor e incluso la creación de
agrupaciones como la Association for Hispanic Classical Theater
(AHCT) y, sobre todo, la Asociación Internacional de Teatro Español
y Novohispano de los Siglos de Oro (AITENSO), la única
específicamente dedicada a asociar a los especialistas en teatro
aurisecular del mundo entero.
La
idea de juntar a prácticos y teóricos del teatro clásico en
jornadas de reflexión y debate fundó Almagro, y está o ha estado
presente, con mayor o menor continuidad, en Almería, Olmedo, Alcalá,
Cáceres, Olite y Ocaña. No es detalle menor, sino que debe sumarse
con los factores que explican el auge que el teatro ha cobrado en las
cuatro últimas décadas.
La
acogida entusiasta al teatro clásico ha llevado también a algunas
localidades, que se han sentido implicadas por algunas de las obras
más destacadas del repertorio, a promover espectáculos colectivos
con la participación masiva de los vecinos. Son los casos de
Zalamea, Fuente Obejuna, Olmedo u Ocaña.